Ruiz Cortines.
El gobierno Alemanista había sido tan corrupto y despilfarrador que había provocado el descontento incluso dentro del partido hegemónico.
La economía sufrió una fuerte contracción por lo que Ruiz Cortines decidió reducir al mínimo el gasto del gobierno para controlar la inflación y lograr un “desarrollo estabilizador”.
Esta reducción del gasto molestó no sólo al pueblo, sino también a los empresarios.
Ruiz Cortines consideró que era urgente restablecer las bases del desarrollo capitalista, por lo que orientó a su política nuevamente hacia la industrialización.
Para cubrir el déficit del presupuesto, el gobierno pidió préstamos al extranjero; por lo que el déficit de la cuenta pública era siempre creciente y la deuda externa aumentaba día a día.
Apoyó a los inversionistas nacionales y extranjeros mediante obras de infraestructura y todo tipo de incentivos; se detuvo el aumento de salarios y se limitó el gasto en las áreas de bienestar, de servicios a la población y de ayuda al campesino.
La inversión extranjera creció de manera exorbitante, desplazando a las industrias mexicanas hacia cosas menos productivas.
Las nuevas industrias estaban basadas en la mecanización del proceso de producción lo cual promovía el desempleo.
La política proteccionista, por medio de la cual se cobraban altos impuestos a las importaciones, provocó que los productos fabricados en México fueran de muy baja calidad y se vendieron a altos precios, ya que no existía ninguna competencia.
Fuente: Claudia Sierra Campuzano (2005), Historia de México 2, México, Editorial Esfinge, Tercera edición (pág. 254-255).

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